Bowie



Han hallado al enfermo sin vendas. Expuestas a la intemperie y el oxígeno, las manchas de sangre se habían tornado costra: sin disciplina se asomaban por las pequeñas aberturas de la piel. Había pasado toda la noche allí, recostado en el sofá del recibidor de una oficina que él sabía, siempre dejaban abierta. 
Los hombres lo tomaron del brazo con delicadeza. Era hora de ir a casa, le dijeron. Él no se opuso, como todos los días no se oponía a que lo llevaran a cuestas. Sabía que dolía menos si se dejaba ir. Solo sintió un punzón en el hígado al doblar hacia la recta de su casa, y el dolor lo quebró en dos. Los hombres lo hicieron enderezarse. Subió el ascensor sin ayuda. Los hombres lo soltaron el trayecto hacia el baño, donde se despojó de una bata y pantalones, y se sumergió en la bañera donde el agua se teñía con su suciedad, las costras, las distintas tonalidades de su sangre.

Sabía que, a diferencia de otros, le estaba permitido morir en su casa.

Blackstar


Su forma era la de una estrella negra. Lo había asegurado el niño después de mirar por la ventana. Los adultos de la casa lo trataron de convencer de que había visto un cuerpo celeste --y reconocible-- caer. Buscaban crearle un falso recuerdo. Pero él insistió en su visión. Les dijo: "Era un sol negro. Un círculo de fuego detrás de una sombra negra, redonda".

Para hacer creíble el designio, dibujó su visión. Su descripción correspondía al recuerdo heredado de la extinción anterior. Porque su dibujo era un instrumento, lo agotaron con una flama pequeña. Los adultos sabían que la visión del fuego en la suspendida noche  significaba la hora de partida. Cuando llegaron a su habitación no lloraron; se tomaron de las manos primero y luego se pusieron a alistar sus cosas. 

Tis a Pity She Was a Whore


Ella lo golpeó como un hombre. Sus nudillos rasgaron las membranas internas del labio superior y lo hizo sangrar. A él la sangre le supo a la infancia, y la absorbió de nuevo, con una sonrisa involuntaria. En esos segundos, mientras ella alzaba el rostro y acomodaba su perfil, en ese gesto violento le pareció distinguir alguna indecisión, pero se equivocó. Recibió otro golpe en el pómulo izquierdo. Un golpe seco, inmediato. Se tomó la cara y se resignó a echarse en el suelo, reptando. No pudo esquivar tampoco la siguiente punzada en el costado derecho, y que le calentó el pecho. 

Ella lo siguió golpeando como un hombre. 

Lazarus


Dicen con pruebas que en las escrituras Lázaro no recordaba haber regresado de algún lugar. Un testigo sincero, decían. 
Nos han contado que una noche Lázaro ha llamado en rezos al hombre que vio en el cielo cuando muerto se sumergió en la oscuridad. Le han prevenido de decir esta historia, pero alguna vez la ha susurrado.
 Susurró ver un laberinto gigantesco, con elevaciones rectangulares y pequeños lagos inscrustados en sus paredes. Sabe que no fue un sueño sino un recuerdo. Lo sabe porque al despertarse, después de resurrecto, conservaba una cicatriz que le hizo alguno de esos lagos secos y rotos cuando intentó cogerse de ellos. El recuerdo es brumoso como un sueño. Podría enumerar apenas una secuencia de eventos. Una gran caja móvil que lo llevaba hacia el cielo. Una habitación grande donde lo obligaron a bañarse sin necesitarlo. Un lecho blanco y alto, cruzado de líneas transparentes. Él echado hasta quedarse dormido, con las líneas transparentes que se incrustaban en su brazo. Duerme finalmente y cuando despierta está en su sepulcro de piedra, con los suyos de nuevo. Señor, señor, ha gritado: Me has traido de vuelta.

martes, 16 de febrero de 2016 Leave a comment

La gente que joven se muere (la plaga)


Hay una plaga, piensa, de gente que joven se muere. Una plaga silenciosa, que quizá está siendo ocultada. Existen muertes colectivas a las que les presta atención porque son caídas profanas. Cuerpos que no se funden con la naturaleza sino que se disuelven en el lente de los periodistas. Muertes que ocurren en países que nunca visitará. Las centenas o miles de muertes se disipan en los encabezados de las noticias. Ha volteado y no se ha detenido frente a un collage de fotos de un cadáver.

Pero llegó la primera, segunda y tercera señal de la plaga.

Era un chico alto, de cabello y barba oscura. Un tipo de paso descansado que solo conocía de oídas. Entonces supo de su agonía primero y luego de su muerte. Se escribieron una serie de obituarios que nunca mencionó la causa. Tampoco nadie fue juzgado. Su muerte sorpresiva fue interpretada como una partida natural. A los veintiocho años. Lo lloró el obituario y se acabó el duelo.

Era un chico bajo y ondulado. No lo conocía de oídas. Solo sabía de él una imagen detenida o un avatar. No tuvo agonía. Se enteró por testimonios de amigos sobre su muerte porque se escribió solo un obituario. Era un joven menos trajinado que el anterior. Como en el caso anterior, nadie fue juzgado. Alguna vez, contaron sus conocidos, dijo que quería morir a los veintisiete. Murió a los veinticuatro años.

Era una chica de otro país, baja, gruesa y de cabello corto. Era un personaje público. Hacía música. Sus seguidores anunciaron su muerte y se escribieron decenas de obituarios. Su partida había disuelto el grupo y las esperanzas de sus seguidores de escucharla en vivo también. Nadie fue juzgado por su muerte. En su agonía muchos rezaron incluso sin creer. 

Porque nadie ha sido juzgado, porque la plaga ha sido procesada como una neblina que se apropia de las víctimas, nadie habla de estas muertes porque se creen naturales.

Las personas menores de treinta años están armadas, protegiéndose de las circunstancias.

domingo, 11 de octubre de 2015 Leave a comment

Un sueño (o una pesadilla recurrente)


En el sueño o la pesadilla recurrente, él se encuentra con una relación seca y prohibida. Podría disfrutarla porque el sueño ha vuelto accesible al Hombre de los pasos lejanos. Sin embargo la relación tiene la misma sequedad de la vigilia. Ninguna transgresión, ningún recoveco intransitable que el sueño ha hecho posible de recorrer. El sueño es un episodio o una conversación de pares lejanos que se creen unidos por un compromiso. Solo ellos. Entonces duda de la fantasía. No hay fantasía sin pasión, se dice. El Hombre de los pasos lejanos se convierte en una figura sin relevancia. El sueño lo ha devuelto al lugar que le corresponde. 

Estas tardes ha estado tratando de terminar un cuadro. La primera alternativa le daría cambiar una escena del retrato que ha hecho de una familia. Es un cuadro bastante mediocre hasta ahora. Dos familias que se unen en una cena para discutir asuntos ajenos a ambos. La representación pictórica no ofrece el tema de la conversación, pero debe estar allí para que la gestualidad del cuadro denote una emoción. Hasta ahora el tema de la conversación es el arte mismo. Tema muy moderno, muy pasado de moda. Quiere hacer que los comensales conversen sobre las mejores cualidades de los hombres: una discusión natural y verdadera, pero teme no tener suficiente material de la vida para hacerlos conversar. Hasta ahora entonces el cuadro es un remedo de vida y un berrinche. Esta noche intervendrá la escena definitivamente.  Solo así tendrá un bulto menos atravesado en las sienes.

La escena mediocre quizá se debe a su incapacidad de enrostrar. Siente a su familia como otro bulto que ni siquiera el Poeta mayor con todo su brillo púrpura puede hacer ligero. Lo ha tratado. Quizá terminar ese cuadro sea el cierre definitivo. Lamenta haber deseado la desaparición de algún familiar.

Caín, se dice.

lunes, 21 de septiembre de 2015 Leave a comment

Sufjan Stevens, 2015 (o cómo ser un joven maestro)



*

En los festivales de folk se solía tocar sin cables. La puesta se reducía a un músico y su ensimismamiento en la guitarra. Un público que veía (y oía) en silencio, y simulaba una misa o una prédica. Esas imágenes de los primeros festivales de folk pueden alternarse con la proliferación de  gestos severos de Martin Luther King o los rezos de jóvenes para detener la lluvia nuclear y los misiles cubanos. En Newport festival inspiró a esa horda de pacifistas Peter Seeger y Johnny Cash, también Joan Baez que llevó a Dylan quien todavía pretendía ser un cantante de folk. Esa estirpe a la que dice pertenecer Sufjan Stevens, a pesar de que lleva consigo siempre toneladas de material eléctrico. Por menos cantidad de cables Peter Seeger amenazó a Dylan que estuvo empecinado en una versión enchufada de Maggie's Farm. Y ahí está Sufjan en festivales folk. They times, they are a-changing.

**

Sufjan Stevens se sube a un escenario que le recuerda al paisaje que evoca en sus dos discos-estados. Lo celebra y se burla de la alegría infantil que le recuerdan las montañas de Colorado. Dice: "He visto un arcoriris, un unicornio y ponnies que me han saludado". La infancia de Sufjan en Michigan e Illinois. Los Strokes elaboran odas a la juventud en la clave de NYC --a donde migró Sufjan-- pero para él su imaginación solo puede apelar a la fuerza natural de los quietos lagos de Michigan, los rumores de la educación cristiana que ha construido su país, y el escampado de la metrópoli de Chicago donde circulan los mitos viejos y modernos de su nación: la fuerza del trabajo, la bendición de Dios y la superioridad de la raza blanca.

***

"Yo no sé cantar", se preocupa siempre. Nadie se preocupa ya de eso. No importa. Pero pequeño maestro da la primera lección, que pocos saben, como lo prueba el estado del arte contemporáneo: importa al maestro el craft, ejecución e imaginación. "Sé cantar al estilo hobo", dice. No sabe cantar como debe cantar a cómo es ahora. Supone eso y se preocupa.

****

En Carrie and Lowell (2015), Sufjan es él en una forma definitiva de ser él. La gente dice: Sufjan y dios o Sufjan y Cristo o Sufjan y la Biblia. Mejor decir: el hombre y el dolor que deja el que ha partido y nunca volverá. Si antes sus discos se nutrían de su educación cristiana, que era el prisma por el que descifraba el curso de la naturaleza, ahora la invoca para saludar a sus muertos. Ante la muerte de su madre no puede sino preguntar dónde deambula y como dice textualmente, en ese estado no lo puede escuchar. ¿Qué se puede hacer para hablar sobre los muertos y sobre todo, querer hablar con ellos, sino recurrir a los que nos han prometido vencer a la muerte?

martes, 18 de agosto de 2015 Leave a comment

R. cuando quería leer / R. y el caracol




 1

R dice que desde adolescente le gustaba leer hasta bien entrada la madrugada. Dice que recuerda que a veces no dejaba de leer sino hasta acabar los libros. Recuerdo, afirma, que terminé de leer La madre a la cinco de la madrugada. Orgulloso, sigue: No paré, cerré el libro y era casi el amanecer. Se detiene, espera que le responda algo, pero yo solo quiero escuchar. Entonces sigue: Pero mi mamá siempre subía a mi cuarto a pedirme que yo apagara la luz. Siempre subía, sea la hora que sea: tres o cuatro de la mañana. Por eso yo me compré un clip que venía con una lucecita, y que se ponía en el mismo libro. Con ese aparato podía leer hasta tarde y mi mamá no se daba cuenta. Cuando sentía que mi mamá estaba subiendo las escaleras. Click. Apagaba el aparatito y así no se veía nada de afuera. R. se ríe siempre cuando recuerda su picardía de joven lector.

2

Saliendo al jardín es de noche ya. Siempre está humedo y brilla en la oscuridad por las luces de los postes. Al salir siempre es como ingresar a la noche de verdad, o eso se siente. Dentro, la casa proyecta un abrigo intemporal, de aquello que no oscurece o es quieto, aun sean las siete, las nueve o la medianoche. Afuera, un hilo transparente se interpone entre mi paso y el desnivel. Un caracol avanza lento, quiere internarse en un matorral que bordea la entrada. R. sigue hablando de los libros y sus proyectos, de sus trabajos y sus días. Le apunto al animal que deja una estela transparente: Un caracol, mire. R. mira hacia abajo, se pone de cuclillas, se levanta las bastas del pantalón. Se queda segundos allí y dice: A ver, ¡qué grande! Luego de la emoción infantil, baja la grada de la entrada y prosigue la enumeración apasionada de sus deberes de la semana.
 

miércoles, 5 de agosto de 2015 Leave a comment

Un joven silba / Otro piensa


*
Un silbido. Una calle vacía y un joven que se empecina en mirar una esquina desierta. Se empecina también en silbar y contempla la desolada calle, como si buscara a alguien o llamara a alguien. De pronto ella, que está caminando con poca prisa, nota que hay dos palomas casi adelante, que con pisada corta, se pasean por la esquina de la vereda. El joven está silbando, del otro lado de la acera, mirándolas. Las está llamando, piensa ella, tan natural es que un joven llame a dos palomas que dan pequeños saltos en la vereda, como si fueran un par de amigos o mascotas. Lo que dura esa certeza, digamos, tres segundos, posee una total coherencia, como si en efecto fuese totalmente comprensible que el joven que está al frente de la vereda esté con la mirada fija, esperando a que las palomas le respondan, o se unan a él. La certeza se rompe cuando ella observa bien al muchacho y lo reconoce. Sabe quién es, sabe que en la infancia y la adolescencia han cruzado miradas porque le parecía entonces que tenía un porte agradable. Luego de que conoció mejor la taxonomía de los hombres de esta ciudad, sabía, que por algún gesto, o una seña en la mirada o un caminar altanero, no podía estar llamando a las palomas. Debía, pensó, mientras él le respondía su mirada inoportuna, estar llamando a un hombre que saldría en uno u otro segundo de alguna de las ventanas de arriba, un hombre,  como muchas personas en su vida, del que solo sentiría su presencia pero no sabría cómo es ni cómo iba vestido. 


**
La proliferación de cráneos ha sido como un motivo. Ha visto un cráneo en la portada del libro de Burton que no sabe si llevar a su verdadero hogar. Ha visto otro cráneo en una pintura de Cézanne de un niño más -otro- se dice, de la serie de niños elegantes en el tránsito de ser hombres dolientes. También ha visto, haciendo una pesquisa de pintores simbolistas, un autorretrato con cráneo. En la televisión pasaban una momia destazada por unos científicos que la tocaban como si fuesen animales de carroña. De todos estos, el cráneo de Cézanne, por supuesto, le parece el más interesante de todos. La serie de jóvenes elegantes le parece la serie adecuada para enamorarse. Los jóvenes de Cézanne están entregados a sí mismos, dueños de una tristeza tan absolutamente encerrada y contenida en sus cuerpos delgados, respirando silencio. 
Un joven de Cézanne se levantaría muy temprano. Comería lo absolutamente necesario. Un joven de Cézanne haría sufrir sin querer a quien lo amase: una madre o una mujer que se desvele pensando en él o tejiendo historias sobre encuentros fortuitos. Peor aún, un joven de Cézanne pensaría todo el tiempo en su cráneo, en el futuro de su cráneo: la caída del cabello, la forma de su tumba. Algún joven de Cézanne ha entrado en unos laberintos debajo de una iglesia colonial que esconden tumbas de obispos, hombres poderosos hoy separados de su madre, hermanos, abuelos, padre. Cráneos y fémures desterrados del punto de partida. Un joven de Cézanne ha pensado, creyendo escuchar el eco de su pensamiento en esa bóveda subterránea: "¿Quién querría estar aquí?".

lunes, 20 de julio de 2015 Leave a comment

Bobby 1967





Tener veintiocho es tener treinta o treinta y cinco. Un cómputo mental borra las distancias de cada año; a los veintidós o veintitrés pude haber puesto mis manos en los bolsillos con resignación, o haber tenido discusión definitiva y volcánica hoy olvidada. Hoy no pongo las manos en los bolsillos, sino las entrego para que las enmarroquen mis autoridades y la buena educación de esta ciudad en que vivo.


Las cifras de los años dosmil se borran, como si fuesen prolongaciones de los años noventa. Es que los veinte son un aleteo, no el fugaz de las anisopteras que baten minutos imperceptibles en filmina suspendida, sus cuerpos, sino el crudo aleteo de un pez sin oxígeno. Los veinte o la nueva edad del aprendizaje: ser una figura definitiva en los miedos ajenos; el molde de nuestro cráneo no es del armazón del calcio de nuestros propios huesos y los ancestros, sino difuminados esqueletos del cuerpo de sapiens sapiens: lo último del siglo XX, ocioso y brutal.


Entonces treinta años no equivale a un digno peso de la vida del planeta de nuestros ancestros de hace doscientos años o trescientos sino a un férreo asir del pasado--como si no siempre viviéramos en presente--. T.S.Eliot: If all time is eternally present.


****


Un día de esta semana una joven sostenía una versión amistosa de Hamlet. Todavía deambula Hamlet, pensó. Aquel día también se acordó de Bobby. Quizá la única vez en que Bobby sintió tentar el fracaso fue cuando se accidentó en 1968 con una Triumph Tiger 100. Tendría 25 años, obras maestras, mujer e hijos. Pero eres tejidos y orines, Bobby, le recordó el estrépito de la chatarra, porque acaso por primera vez desde que dejó la polvorienta Duluth, sintió terror. La muerte, Bobby, tiene el sabor de la tierra y saliva que se apelmaza en los dientes.


Los veinte de Bobby duraron cinco años, luego el accidente, luego la fe en distintos registros, luego el amor de una mujer mayor; ningún disco malo hasta después del accidente. Los veinte de Bobby duraron más que los nuestros porque su aceleración correspondía al miedo-vértigo de la tasa de mortalidad de los años sesenta: una guerra mundial y la amenaza de la lluvia de fuego de la Guerra Fría. Su velocidad era otra pero de la máquina en que le gustaba pasear también. Después de su reclusión, regresó y fue otro. Siempre fue otro pero nunca él mismo, porque no hay “uno mismo”; hay zapatos de uno mismo, hay un tú y un yo, pero no hay uno mismo, dice Bobby tantas veces.

sábado, 20 de septiembre de 2014 Leave a comment

Pequeña taxonomía-El monstruo del Lago Ness




De saberse vivo, Nessi, como lo llaman sus feligreses, tendría más edad que muchas naciones actuales. Cálculos mal hechos dan como uno solo un ejemplar un animal que probablemente podría ser diez o veinte. La forma de un Cryptoclidus ha adoptado Nessi en la imaginación popular; múltiples avistamientos dan cuenta de un reptil marino del tamaño de un dinosaurio, de cola larga, joroba y mándibula redonda y dentada.

El lago Ness es resultado de un accidente, de cuando las primeras glaciaciones hicieron paso a la masa sólida que formaron las islas británicas. Se trata del lago de gran profundidad y contiene más cantidad de agua que todos los lagos de Inglaterra y Escocia juntos. Escocia se ha considerado, incluso para la imaginación de avanzada como Shakespeare u Orson Welles, viviente lugar donde pacen aún los druidas. Una piedra en Escocia podría convertirse en una entidad animada en la noche, una hoja podría hacer rico a un pobre, en un lago podría merodear un monstruo. El vientre del lago Ness sin duda podría albergar una serie de animales de proporciones océanicas. Las dimensiones de Nessi corresponden a la majestuosidad de su hogar, que para los primeros habitantes escoceses habría parecido un pequeño mar, cuando los mares se pensaban poblados de criaturas gigantescas que gobernaban los vaivenes de la marea.

De la misma raza que Nessi son múltiples avistamientos que los hombres del Medioevo trazaron en sus mapas. Aun si ahora la inteligencia moderna podría explicar la transformación de la naturaleza con etiquetas latinas, y aducir que fueron los cetáceos, por su corpulencia y longitud, el molde de los llamados monstruos marinos, hay miles de kilómetros de mar abisal gobernados por peces fosforescentes cuyos contornos ni los satélites han descifrado. Más cerca de Nessi, sin embargo, no están los moluscos gigantescos que agitan tentáculos tridimensionales en la cartografía medieval, sino los reptiles que pueden dormir al sol y en el agua, y que pueden reproducirse sin que casi quede evidencia en sus propios cuerpos, como sucede con la maternidad de los cetáceos. Porque la familia menor de Nessi son los reptiles mínimos, ruinas de especies mayores cuyos cadáveres adornan museos o duermen en profundidades pronto profanadas.

domingo, 20 de abril de 2014 Leave a comment

Tiresias

He nacido en un territorio donde se dificulta encontrar raíces porque uno siente que existen profundas en las tierras las cenizas de mis ancestros, y sin embargo indeterminado es el adn vegetal. Esta profundidad telúrica la siento cuando camino sobre las montañas descalzo o cuando me sumerjo en el río para lavar la podredumbre diaria de mis miembros y las heridas que causan los cotidiano. Este río que se encuentra al lado de mi casa es en realidad siempre barro con pequeña consistencia acuática, y ocurre solamente cuando hay lluvias arriba o cuando hay deshielo de las montañas cansadas de estar inmóviles por el frío y sudan porque el sol se acerca a la corteza y nos alimentamos de ese sudor yo y los animales. El resto del año, el río es usualmente caudal de barro y piedras.


En las noches suelo sentir las estrellas, puedo leer el futuro en la arena si consigo distanciarme del bosque y fundirme en el mar. He hundido mis dedos en las profundidades de la arena y he querido coger un puñado permanente, pero la arena como el tiempo, huye de mí y solo puedo ver paisajes en un grano calidoscópico. Y trato de recordar a mis ancestros, he insistido con el oráculo, que mudo permanece y afirma que solo yo debo decir y ver. No recuerdo a mis padres tebanos, ni mi tribu original, todos ellos deambulan por el Hades mientras que yo existo para decir el futuro. Mi pasado original no existe, ha sido desterrado de mi memoria para no extrañar y poder ver, porque el tiempo es bendición y perdición de los mortales.

Los dioses me cerraron la cuenca de los ojos con líquido de oro. Dante me ha castigado con los adivinos un fuego infernal que seca mi sangre inmortal, pero si acaso lo fuera. Solamente puedo ver. Dante también era vidente, le dije su presente, al poeta vidente le dije que podía ver y que debía ser castigado conmigo en las profundidades del vivir por siempre en el espiral de la amnesia de los de nuestra raza, perder a los que amamos en nuestras lagunas de olvido. Algunos creen en mi videncia y en mis sueños, otros no.

Mi condición sexual también les parece aberrante. Puedo copular con hombres y mujeres. Puedo sentir como hombre y pensar como mujer, puedo pensar como mujer y sentir como hombre, puedo sentir como mujer y pensar como hombre, puedo pensar como hombre y sentir como mujer. A veces mi dedo meñique tiene la coquetería de una mujer y mis cejas la masculinidad de un hombre. Otras veces mi mirada es delicada pero mi labio inferior se tensa. Cuando llueve puedo llorar o querer devorar bestias. Menstruo cada veintiocho días y otros días eyaculo en las noches sin consciencia de ello. Rindo el culto a la fértil luna pero no puedo procrear, por ello soy dada a la especulación metafísica que los filósofos, hombres todos, me han prestado para matar el aburrimiento. No me atraen los filósofos sino los rapsodas, que pueden comunicarse, como yo, con los dioses. Amo también a las mujeres hermosas aunque a naturaleza las haga altivas y estériles en el buen gusto que es imprescindible para mi tacto, la lozanía de sus cuerpos es exigencia de mi boca que desea saber la sustancia del tiempo en el cuerpo, así como puedo comer pétalos de rosa o chupar camas de plantas recién nacidas y bañadas de rocío. El sabor del tiempo es el del cuerpo humedecido por el deseo y del verso que resuena en la boca de los rapsodas. 

He de ver el futuro en el grano de arena pero también sentirla en los abismos de los ojos de un rapsoda que pueda cantar mi nombre, sea Dante u otro. No he de saber la textura de mis raíces, el peso de las cenizas de mis ancestros juntos, pero el amante, el rapsoda acaso pueda cantar mi futuro, solo un rapsoda sabe la naturaleza de mi videncia, mi maldición vegetal.

martes, 6 de agosto de 2013 Leave a comment

Polilla o mariposa nocturna


ESTAMPA JAPONESA
Los animales nocturnos guardan energía solar y la distribuyen en la noche. Algunos insectos brillan, otros simplemente mantienen calor. Y es mucho en invierno proveerse de calor uno mismo y comiendo seres inalcazables a visión humana.

En un bus suelen viajar distintas órdenes de la naturaleza. Insectos. Homínidos, niños nacidos por accidentes de la pasión. Ni las brujerías más avanzadas de nuestro milenio ha podido abolir la tiranía de la cópula con reproducción. Mujer que menstrua 12 veces al año, con 12 cuidados de preñez. Las criaturas que se agarran de las madres a las que han poseído en un cuerpo y en un alma.

Y el insecto alado. El universo en un vidrio de un bus. Una polilla o una mariposa nocturna; vital diferencia existe sin que yo pueda saber como tanto otro, como el recorrido de un musgo en las veredas húmedas en invierno. Como la composición de la tierra que parece ser una sola entidad aquí y allá lejos. El éter, dicen los griegos, vital. ¿Acaso hay éter en la negra tierra? No, el éter no reproduce sino conserva la vida.

El universo en un vidrio de bus, una polilla pegada a la ventana. Cada cuanto apenas bate las alas. Contornea su pardo cuerpo un halo. Respiración o sudor. La polilla sudando ha recorrido kilómetros sin cansarse; ha utilizado transporte urbano.

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